Vida Consciente: ¿Cómo reconocer signos de maltrato infantil?

05/02/2018
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El caso de Sophia nos destroza el corazón, nos llena de tanta impotencia y tristeza, de una desolación profunda que paraliza, pero la quietud no sirve. Es momento de criar como aldea y  una especialista de la Universidad del Pacífico nos da señas de aquellas evidencias de maltrato infantil que nos tendrían que dar una voz de alerta.

 Sophia de tan solo 1 año 11 meses… todos conocemos a esta altura este caso feroz, no entraremos en detalle. Pero no nos podemos quedar en la pena, hay que informarnos para que esto jamás vuelva a ocurrir.

¿Dónde ocurren principalmente los maltratos?

 “La mayor parte del maltrato a niños   ocurre al interior de sus propios hogares y  habitualmente es  perpetrado  por   los adultos  en quienes  recae la obligatoriedad de proporcionar los cuidados, afecto y protección”, así lo afirma la psicóloga Susana Arancibia, docente del Magíster familia, infancia y adolescencia que dicta la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Pacífico.

Y así se ejemplifica con la pequeña Sophia de menos de dos años y que perdió la vida en manos que quien más debía protegerla, su padre.

Y las cifras son espeluznantes. En Chile  alrededor del 71% de niños, niñas y adolescentes recibe algún tipo de violencia intrafamiliar, ya sea psicológica o física;  y  un 25,6 % son víctimas  de violencia grave, informa la docente.

MALTRATO

“Es importante  tener claro que existen  diferentes tipos de maltratos y  todos ellos generan consecuencias negativas para los  niños a corto, mediano y largo plazo. Unicef  describe el  maltrato físico  grave  como aquellas instancias ´cuando alguien patea, muerde o da un puñetazo; quema con algo (cigarro, objeto, agua caliente);  golpea o trata de golpear con objetos; da una golpiza,  amenaza con un cuchillo o armas, usa cuchillos para agredir a un niño, niña o adolescente. De igual  forma el maltrato psicológico se observa  toda vez que  existe “hostigamiento  verbal, habitual por medio de insultos, críticas, descréditos, ridiculizaciones, así como la indiferencia y el rechazo explícito o implícito hacia el niño, niña o adolescente´. También se considera maltrato  el rechazo, aislamiento,  conductas orientadas a aterrorizar, ignorar o corromper a un niño/a”, señala la académica de la U. del Pacífico.

También se debe tomar conciencia que  cada  vez que un  niño es  testigo de violencia entre sus  padres también se transforma en  una víctima de violencia, aprendiendo además que esta es una forma válida de relación en la vida y cuyas consecuencias por desgracia se  observan en la vida  más  adulta, aclara la experta.

Otra forma de violencia  está  dada por las conductas negligentes de los   cuidadores o  progenitores. “Entendiéndose por éstas,  a  la falta de cuidado  y protección mínima para satisfacer las necesidades de los niños y niñas,  especialmente los más  pequeños”, agrega Susana Arancibia.

SIGNOS 

En este contexto, es importante estar atentos a cualquier signo que nos notifique de algún tipo de maltrato infantil. “Más  allá de los  indicadores físicos de  violencia tales como   moretones,  fracturas, quemaduras,  hemorragias internas, etc,  los niños  manifiestan  cambios importantes en  su  conducta. Por ejemplo  un  niño  extrovertido y activo,  repentinamente se  vuelve tímido,  o agresivo,  un patrón habitual de encontrar es que los niños tienden a  ponerse muy ansiosos repentinamente, incluso es posible verificar  cambios importantes en la conducta de  los  bebés”, señala la especialista en familia, infancia y adolescencia.

Por ejemplo, plantea que cuando los niños tienen menos de un año de vida, se comunican principalmente a través del llanto. “Los niños comienzan a  llorar  sin sentido, se  vuelven irritables y en los casos más  severos, dejan de  llorar y  de mirar  el rostro de las personas  a  su alrededor, mantienen la mirada perdida en el espacio  y la actividad motora disminuye notoriamente”, advierte la psicóloga.

Ahora, cuando los niños son un poco mayores, entre 1 y 3 años, hay que observar señales distintas, pero todavía del orden no verbal.  “Por ejemplo cuando  el niño  vuelve a  asumir comportamientos infantiles superados, aparece la urgencia por usar  chupete;  si hay control de  esfínter, el  regreso a los pañales.   En general se entiende como  toda  acción que los retrotraiga a un  tiempo y  mundo previo más  seguro. Sin embargo en este sentido es preciso ser cuidadosos ya que  no toda  regresión a  conductas previas infantiles  significa  maltrato.  En ocasiones tales conductas simplemente apunta  a los avances y retrocesos normales  de cada niño. En tal sentido es  importante que los padres observen y conozcan  las  diferentes formas de reaccionar de sus niños, sin que esto se traduzca en angustia  o conductas obsesivas ya que los  niños  al ser expertos en lenguaje  analógico (corporal) empatizan  con  la emoción de sus padres, generándose una angustia  familiar que será de escasa  utilidad  si  se  sospecha de  algún tipo de maltrato  infantil”, precisa Susana Arancibia.

Cuando los niños ya pueden verbalizar y logran decir lo que les ocurre, la docente explica que, en general, es preciso  escuchar el relato de los niños,  sin manifestar  el propio sentir ya que esto los asusta o  limita. “Lo más adecuado es permitir que el niño  exprese todo su relato  con las menores interrupciones posibles, de modo tal que  se sienta escuchado y al mismo tiempo  perciba el apoyo del adulto a quien expresa su dolor o perplejidad. En tales casos los niños suelen estar asustados, muchas veces por las posibles amenazas que  puede haber realizado  el o la agresora, es muy importante que  el adulto contenga y  tranquilice al  niño,  le dé certeza de que está a salvo  ahora y que no es culpable de lo sucedido”,  agrega.

PREGUNTAS CLAVE

 ¿Qué preguntas deben hacer los padres a los niños para indagar la existencia de maltrato?  “Cuando  los niños  pueden expresar  su sentir, los padres pueden preguntar libremente como  se hizo  tal  moretón, o que  sucedió, muchas  veces los pequeños  cuentan historias fantásticas   sobre lo sucedido, en estos casos es  muy importante la actitud del adulto de escuchar activamente, mostrándose interesado pero no acosador, y en una forma que propicie al niño  poder seguir narrando los posible hechos constitutivos de violencia”, señala la docente.

En el caso de los niños que efectivamente han sido sufrido maltrato, la profesora de Magister Familia, Infancia y Adolescencia dice que los tratamientos más frecuentes son  dependiendo del  tipo y nivel  de maltrato. “Se debe  considerar  la intervención psicológica individual, familiar y el trabajo en red con otras instituciones  como  la escuela,  Cesfam, sistema judicial  entre otros.  En todos los casos, lo más  importante es   velar por el ´interés superior del niño´ evitando la  re victimización  en todos los niveles”, plantea.

La experta indica que cree que este tipo de problemas se da tan frecuentemente en nuestra sociedad porque Chile  tiene  una cultura  violenta, en todo tipo de relaciones. “Sin embargo esto  se complejiza en la medida que  persiste la mirada adultista frente a la infancia y principalmente a la infancia desprotegida, mención especial es la  que como país hemos observado frente a los niños institucionalizados, (SENAME) pero que a pesar de la gravedad de los hechos,  las respuestas siguen  siendo  tardías y en muchos casos  con resultados  dramáticos para la  vida de los  niños”, enfatiza.

Y ahí está el caso de la pequeña lactante de Puerto Montt, que ha provocado tal impacto en la ciudadanía que muchos han dado a conocer su repudio a través de las redes sociales, incluso algunos poniendo sobre la mesa el debate en torno a la pena de muerte. Al respecto la especialista de la Universidad del Pacífico plantea que es  muy  probable que si  se indaga en el  historial  de la  familia de  origen de este hombre,  la  violencia  haya sido  la  estrategia de supervivencia aprendida. “Sin embargo  no es posible  seguir perpetuando los patrones de  maltrato. Una diferencia  importante  que separa a los niños  de los adultos, es  la capacidad de raciocinio  moral  presente. Por tanto  todo adulto tiene la posibilidad de  modificar  sus conductas aprendidas  en la infancia si es que  se percata de su error  y realmente quieren enmendar. Sin embargo  en este caso  observamos,  con horror, como  los diferentes también estamentos fracasaron,  validando  cuotas de violencia intrafamiliar, invisibilizándola. Cada cierto tiempo, sólo cuando  no  hay  vuelta atrás, cuando presenciamos la muerte de una pequeña,  volvemos a exigir conductas sancionadoras y ejemplificadoras”, finaliza la docente de la Universidad del Pacífico.

Agradecemos a la Universidad  el Pacífico por darnos una mirada Profesional de este caso.

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